jueves, 24 de marzo de 2011


En los últimos cinco, puede que diez, años, lo más espiritual que he hecho ha sido meterme en una iglesia porque llovía mucho y no tenía dinero para tomarme un café en un bar. Lo hice muchas veces, ya que cuando llegué a Irlanda vivía a una hora y media del centro de la ciudad y pasaba el día allí, repartiendo currículos y sintiendo pena de mi misma.

Tarde algunos meses en descubrir que esa primera casa que alquilé, no estaba en un barrio en las afueras, si no que estaba en un pueblo distinto, aunque perteneciente al condado de Galway, llamado Knocknakarra.

Llovía. Sin parar. Y yo solía refugiarme en una pequeña iglesia presbiteriana con buen sistema de calefacción y luz suficiente para leer. Si dios iba a hacerme una revelación ese hubiera sido un buen momento. Pero lo más parecido a una epifanía que viví en aquel tiempo fue llegar a la conclusión de que nunca tendré descendencia, tras trabajar en esa misma parroquia como voluntaria con los hijos de los inmigrantes cada miércoles. Que quede entre nosotros pero hubiera asesinado a más de la mitad de ellos y el mundo hubiera tenido que darme las gracias.


No he pisado ningún tipo de templo desde entonces. Nunca me he planteado hacerme budista, ni estudiar la cábala, ni siquiera hacer yoga, por muy de moda que esté. Soy un producto del capitalismo que se mantiene sin adulterar. Me gusta ir de compras, los restaurantes de moda, los cócteles de colores y las películas comerciales. Hubiera querido ser de otra manera pero creo que mucho más triste que ser una persona materialista y de gustos mediocres, es serlo e intentar aparentar otra cosa.

Por eso cuando vi. el cartel, en principio solo me acerqué por curiosidad. Decía "Sesiones gratuitas de desnegativización en grupo. Únete". No hubiera resultado más raro si hubiera puesto "Los marcianos aterrizan aquí todos los días a las seis y a las diez". Pero bueno, era una de esas tiendas de hierbas, tofu, libros de autoayuda, flores de Bach, sedas salvajes y péndulos de cuarzo, todo agrupado bajo el genérico "terapias naturales".

Una chica se asomó a la puerta, llevaba un vestido naranja largo, y la cabeza rapada. En una chapita sobre su pecho izquierdo se leía "Iris". Me dijo que iban a empezar a desnegativizarse en cinco minutos y que si me apetecía participar. Estaba a punto de echarme a reír cuando me di cuenta de que UNO tenía el día libre y ningún plan inmediato y DOS que me estaba meando desde hacía un rato y que no parecía haber ningún bar cercano.

Le dediqué la más radiante de mis sonrisas y me fui con ella para dentro preguntando por el baño.

---------- Continuará-----------------

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